«En este mundo, o eres activista o eres indiferente a todo»

Las 3 versiones de mi vida

Versión 1.0 – Los Orígenes

Tengo 4 años de edad y no paro de jugar. Mi madre lo entiende, pero reconoce que los deberes son primero. Me encierra en el estudio con tan solo una hoja de papel y un bolígrafo. Horas después, y luego de un prolongado y extraño silencio, se acerca para ver que hace su niño. Lo que descubre sobre la mesa, la deja sin palabras. Una nave espacial creada con los retazos desarmados de la pluma, y un diálogo impronunciable escrito a máquina, que mantienen mis dos amigos marcianos. Entonces comprende, que no puede detener lo ineludible, dejarme soñar y crear con lo que tenga a mano. Soy un genio, pero como cualquier otro niño de mi edad. Elijo lo que más llama mi atención. Soy un niño Montessori.

Pero cumplo 5 años y mi vida se desmorona. Mis padres se separan y de los 5 a los 18 años me crío en 4 hogares diferentes. Paso por más de 10 escuelas. Mi padre me echa de casa a los 18 años y me da diez días para buscar vivienda y trabajo. Yo decido montar mi primer negocio. Con el tiempo las cosas mejorarán un poco. Un empleo por aquí y entre medias algún emprendimiento más. Pero todos fracasan. Me encanta la publicidad y regreso a los estudios, pero a punto de cumplir los 26 y a 6 meses de terminar el grado, se cruza un viaje a España. Mi madre sabe lo que yo desconozco, que necesito un cambio y que es momento de abrir mis alas. Y me da un consejo: -Quédate por allá, viaja, descubre cosas nuevas.

-Libertad, eso es lo que quiero para ti. Que te liberes de tus limitaciones.-

Una-mirada-al-espejo

Versión 2.0 – Las alas de la libertad

Mi vida en Madrid se llena de realidades que otros podrían llamar milagros. Abundancia a manos llenas y éxitos laborales. A pesar de que mi madre muere “de amor” como aún lo sigo diciendo, me acompaña su fuerza y la visión que de mi tenía. A la vez era su sueño, a la vez es el mío. Tengo 36 años, y todo está tan bien, que me parece que debe haber algo más. Así que me atrevo a plantearme de nuevo las grandes preguntas. ¿Quien soy yo? ¿Para qué he venido a este mundo? Y en un proceso de autoconocimiento, lo descubro. En mi momento epifánico, escuchando a Ken Robinson decir que «descubrir nuestra pasión, lo cambia todo». Encuentro una carta perdida del tío Pepe donde escribe que en mi nombre está escondido mi don y mi talento.

Me llamo DARio y ésta es mi pasión:

«AyuDAR a los demás a descubrir sus propios talentos»

Nunca-claudiques-hasta-encontrar

Versión 3.0 – El nacimiento del guerrero

Mi historia es la de un viaje de casi cuarenta años, lleno de retos, golpes bajos y entrañables aventuras, pero carente hasta hace muy poco de objetivos y de un profundo sentido de propósito y trascendencia. Estuve rodeado de amor por todas partes, no lo puedo negar. Fui un niño deseado, un chico alegre, un adolescente aventurero. Pero también es verdad que carecí de acompañamiento. Tal vez es que mis padres confiaban demasiado en mí, pero no supieron darme los recursos necesarios para llevar una vida en la que fuese concretando resultados sólidos. Tuve tantos sueños, tantos proyectos, tantas ideas, y ninguna se consolidó. Nadie me contó jamás la importancia de saber quién era yo en cada etapa de mi vida y evaluar los recursos con los que contaba. Todo se quedó en buenos consejos puestos en un escaparate. Esto es lo que deberías hacer, esto es lo que deberías estudiar. Mi padre me hablaba durante unos minutos cada dos años sobre el éxito, sosteniendo en sus manos el libro de “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva”, como quien te está contando un cuento. Pero jamás me acompañó para que yo, poco a poco, fuese encontrando mis propias respuestas.

¿Y dónde quedó la importancia de mi estado emocional? ¿Como te sientes? ¿Qué traumas tienes? ¿Qué dudas te asaltan? ¿A qué le tienes miedo?

Sin embargo toda esta experiencia era necesaria, pues me ha dotado de un don. La capacidad de mirar a los jóvenes a los ojos y ser capaz de percibir en sus vidas las mismas carencias. Nadie les habla de resiliencia, de empatía, de inteligencia emocional. No saben qué es lo que quieren hacer con sus vidas, no saben cuáles son sus talentos. Son incapaces de poner sus habilidades y fortalezas delante de la mesa y hacer algo con ellas. No saben por qué es bueno ir a la escuela, o cómo ponerle freno a una educación tóxica que está acabando con su creatividad y su curiosidad innata por aprender. La sociedad en su conjunto los acosa por diferentes frentes con las mismas preguntas, pero muy pocos se toma en serio el compromiso de ayudarlos a encontrar respuestas.

¿Quién eres? ¿Qué quieres hacer con tu vida? ¿Qué problemas que ves en el mundo te gustaría resolver?

Cuando somos jóvenes achacan las consecuencias a nuestra rebeldía. No queremos escuchar, no queremos aprender, no queremos hacer nada. Inventan etiquetas sociales para resaltar un problema que son incapaces de resolver. Y terminan discriminándonos en lugar de empoderarnos. Eres un nini. Ni estudias, ni trabajas. No sabes lo que quieres. Eso no es verdad. Claro que lo sabemos, pero todo eso que queremos y soñamos va en contra del sistema. No puedo estudiar lo que yo quiera, tengo que estudiar una carrera que le venga mejor a la maquinaria del estado en la que vivo. Que nos haga más productivos y nos lleve a un desarrollo infinito.

Mi deseo es que esto no le pase a otros jóvenes. Cada uno tenemos nuestro propio camino, pero venimos a este mundo a desarrollarnos como personas, no a crecer indefinidamente. Y si puedo ayudar a que los jóvenes se desarrollen a través del autoconocimiento y descubran cuál es su pasión y sus talentos, estoy convencido que eso hará seres más conscientes que comprendan la importancia de ayudar a más personas, a transformar nuestra sociedad, a mejorar nuestra experiencia vital.

La escuela me hizo creer que nunca sería bueno en nada. La falta de un título me hizo creer que jamás podría optar a un buen trabajo y a buenas oportunidades laborales. Mas aún, la preocupación de mi familia por mi futuro quedó sólo en eso, en apretarse las manos y preguntarse qué sería de Darío. Buenos deseos, pero nada más. Y no es que pretenda ser frívolo con una familia a la que amo, pero debo ser objetivo y riguroso con los hechos. Porque muchas veces caemos en el autoengaño, creyendo que estamos ayudando, cuando solo estamos regalando buenos consejos. Todas las tendencias, expectativas y pronósticos les fallaron. ¡Todas! Le he ganado una batalla al sistema, a la educación tóxica, a la familia y a la sociedad. Y este proyecto es la muestra de ello.

Autoconocimiento2-canasta-basica

Si tuviese que explicar quién soy prefiero hacerlo con los valores en los que creo, las cosas que deseo conseguir y las ideas que deseo proyectar en una visión futura de mi mismo.

  • Soy un emprendedor social, un changemaker, un hacker de la educación tóxica.

Puedes ver aquí mi perfil en LinkedIn

Mi misión:

Ayudar a las personas a descubrir sus talentos, ayudarlos a re-conectar con “la fuente”. En este contexto, la fuente representa la idea original de quiénes somos,por qué estamos aquí y cuál es el sentido de nuestras vidas. De forma innata sabemos cuál es el sentido de nuestra vida. Conforme pasan los años olvidamos la idea original que fue impuesta por “la fuente”. La conexión está tan oxidada, que nos cuesta mucho escuchar el mensaje.

 

Allá donde se cruzan tus talentos y las necesidades del mundo, está tu vocación.

El movimiento:

Deseo liderar un movimiento para conseguir una sociedad en la que cada día haya más personas inspiradas en tener un trabajo que les apasione y en despertar conciencias para que la gente comprenda que es necesario revertir ese descubrimiento, esos talentos, a la sociedad.

Esta es la visión de nuestro proyecto social

Ver

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